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¿Por qué estamos lejos de casa?


Ser un científico en el mundo académico no es una tarea fácil, como estoy seguro de que muchos otros trabajos lo son. Pero creo que nosotros, en las ciencias biológicas, lo tenemos peor. Es muy competitivo, para sobresalir tenemos que trabajar 24 horas al día, 7 días a la semana, arriesgando nuestra salud mental y ¡ni siquiera somos bien compensados! A veces me pregunto si todo esto vale la pena. Estar lejos de nuestras familias para tener una carrera exitosa.


En nuestro caso, vinimos a EE. UU. para capacitarnos como posdoctorados, aprender nuevas habilidades, avanzar en nuestras carreras y establecer colaboraciones que serían cruciales para el futuro de nuestras carreras. Después de que terminó nuestra capacitación, conseguimos trabajos en nuestro país de origen. Tuvimos la suerte de tener dos ofertas para elegir, algo que no todo el mundo tiene allí.


Elegimos ir a una institución que, en ese momento, nos parecía un sueño, solo para descubrir que sería la peor decisión que jamás habíamos tomado. Hasta el punto de que aún hoy, un año y medio después de esto, me hace dudar si seguir en la ciencia.


Después de nuestra salida de ese lugar, solicitamos y buscamos trabajos durante un año más o menos. Pero nadie quería contratarnos. Estaban dispuestos a darnos patrocinios para postular a financiamiento y SI los conseguíamos, podríamos hablar de unirnos a sus universidades o centros de investigación. Esta es una táctica que se usa comúnmente allí debido a la gran cantidad de doctores que intentan obtener las pocas posiciones académicas que se abren cada año. Esperar seis meses para saber si obtendríamos financiamiento para recién hablar sobre si podíamos conseguir un trabajo simplemente no era posible. Teníamos un bebé académico en camino y Coco que dependían de nosotros.


Papá académico recibió una oferta de una universidad en los EE. UU. y tuvimos que tomar la difícil decisión de mudarnos nuevamente. Habíamos comprado un auto, una casa y teníamos planes de quedarnos por lo menos 10 años sin volver a mudarnos. ¡Ya habíamos pasado por suficientes mudanzas! Pero no nos quedó más remedio que irnos. Solo que esta vez no éramos solo nosotros y nuestras maletas, éramos nosotros, un bebé académico que se estaba incubando y nuestro amado Coco.


Al ser una familia de cuatro y no solo dos nómades esta vez, venía con más dificultades que superar. Revisar el seguro de salud para mi embarazo, dar a luz en otro país, mover un bulldog francés que está prohibido en las aerolíneas, vivir con un solo salario porque nadie daría una visa de patrocinio y contrataría a una científica embarazada de 6 meses, etc.


Continuará…


Mamá académica, papá académico, bebé académico y Coco.

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